Vi mucha oscuridad durante varios segundos. La boca me sabía a una mezcla de sangre, tierra y asfalto. Para mi sorpresa noté como los dedos de mi mano, ajenos a la historia, se movían ligeramente rozando el suelo. La cabeza me dolía a más no poder y me sentía fría, entumecida y sin fuerzas. Entonces me percaté de que estaba lloviendo. Mi pelo, que caía húmedo sobre mi cara, no me dejaba ver lo que estaba sucediendo. La ropa mojada pesaba sobre mi cuerpo y mis intentos de levantarme parecían inútiles. Recordaba los disparos, los gritos, las miradas, la sangre, las lágrimas... y aquella chica. Pero había algo muy importante que no conseguía recordar: había alguien más. ¿Un chico? El chico que me disparó.
Estaba cansada y me costaba respirar pero no podía sentir ningún disparo. Busqué el olor a sangre en el ambiente pero solo encontré tierra mojada. Segundos después noté algo dentro de mí. Una sensación extraña que me invadió al instante dejándome prácticamente inmovilizada. Mi corazón empezó a latir tanto que incluso podía escucharlo y mi respiración se aceleró de tal forma que empecé a toser y a toser de manera incontrolada. Estamos vivas. Cientos de imágenes se sobrepusieron en mi mente una de tras de otra como quien baraja sin cesar una baraja de cartas. Mis ojos abiertos como platos observaron por primera vez el paisaje divisando sombras que se movían entre las luces. Lo recordé todo. Levántate. Y sabiendo que era imposible, me levanté.
Él se encontraba de rodillas en el suelo con una chica en sus brazos. La miraba sin apartar la vista pero con una expresión de lástima. Aquella chica, a la cual besó antes de que mis ojos se cerrasen, no era la misma. ¿Qué había pasado? Ella no es real. La lluvia seguía cayendo haciéndose cada vez más intensa. Volví a mirar mi cuerpo, estando ya en pie, y no encontré rastros de sangre por ninguna parte. Entonces escuché el sonido más aterrador que podía escuchar. Me llegó con el viento helado y sentí mi corazón encogerse en un grito ahogado.
Se está riendo. Abrió los ojos mientras él parecía sorprendido y tan aterrado como yo. Se incorporó con una sonrisa en los labios mientras continuaba mirándole, hasta que se giró hacia mí. Su mirada bastó para que un dolor agudo surgiese de lo más profundo de mi ser llegando a todas las partes de mi corazón. Me temblaban las manos y no podía sentir las piernas. Empecé a llorar sin saber por qué y mis lágrimas se mezclaron con la lluvia en mis mejillas. Tenía la pistola en la mano. Ella no es real.
Levantó sus brazos, más pequeños que los de la chica que había sido antes, pero con una seguridad impactante. La sonrisa permanecía en su cara y sus ojos reflejaban una victoria casi asegurada. ¿Pero quién es? Sabía que la había visto en alguna parte pero ¿qué estaba haciendo aquí? Intenté moverme al ver la expresión de... ¿mi amor? Aunque la situación estaba muy lejos de ser buena noté un fuerte calor en mi pecho. Dejé de temblar y el frío desapareció de mi cuerpo. A diferencia de mí, ella si estaba cubierta de sangre pero su cara y su forma de moverse dirían que estaba en perfectas condiciones. Y él, después de mucho tiempo, volvió su mirada hacia a mí y como si fuesen a ser sus últimas palabras, dijo:
―Ayúdame mi amor.
Sin darme cuenta, estaba corriendo hacia él mientras su desesperación se me calaba en los huesos. ¿Tan lejos estaban? Sentí que no llegaría a tiempo. Aún así no dejé de correr. Como si estuviera a punto de volver a aquel sueño eterno del que me había despertado, en mi cabeza solo surgieron imágenes de él siendo extremadamente feliz. No tenía ni punto de comparación al chico que estaba ahí de pie, inmóvil y asustado, esperando a morir. Por varios segundos creí ver sus lágrimas pues eran como cristales reluciendo distinguiéndose de las gotas de lluvia. Esas lágrimas que tantas veces había contemplado. Me dije a mí misma que no volvería a permitir que fuesen derramadas.
Volvió a mirarme y su cara, que había reflejado miedo, angustia y sobre todo, dolor, ahora reflejaba resignación. ¿Cuánto me queda para llegar hasta él? ¿Por qué no podía correr más rápido? Sus palabras entraron en mí como una flecha directa al corazón:
―Déjalo, no llegarás a tiempo, vete.
¿Por qué? ¿Por qué me decía eso? No. Corre. Tienes que correr más rápido. Se lo prometiste. Le dijiste que estarías a su lado tanto en los buenos como en los manos momentos. No es momento de rendirse. Tú puedes hacerlo. Tú puedes con todo. No te rindas.
Y llegué hasta él. Como si de una película de acción se tratase me coloqué delante de él con las manos en cruz y la mirada puesta en ella. No temblaba. Seguía apuntando. Se rió de nuevo escandalosamente.
―¿Crees que eso va a servir de algo? Qué inocente eres... He venido a matarle.
―No permitiré que lo hagas.
No la escuches, solo pretende asustarte. Sé fuerte.
―Entonces moriréis los dos.―disparó.
Cerré los ojos. Mi propósito siempre fue cuidar de él y era muy probable que aunque hubiera muerto la primera vez, esta vez sería la definitiva. ¿Había fracasado? ¿Para esto había despertado y había sufrido tanto? No podía ser así. Una chica desconocida quería matarnos a los dos y ni siquiera sabía por qué. Sé que no he hecho nada malo. Estoy prácticamente segura. Y no voy a permitir que todo el esfuerzo que he hecho haya sido en vano.
―¡NO VOY A PERMITIRLO!―grité. Un sonido parecido a una explosión hizo que el viento se moviese con violencia y la lluvia me golpeara en la cara. Sentí una calidez emocional que me reconfortó como si nada de esto hubiera pasado. ¿Sería esta la verdadera forma de morir?
―Abre los ojos, hemos ganado.
―¿Cómo? [...] ¿Cómo es... posible?
Su cuerpo yacía en el suelo agonizante. Haciendo un esfuerzo descomunal levantó la cabeza y gritó:
―¿Qué has hecho? ¡Yo tenía que ganar! ¡Tú no eres nada! ¡NADA! Siempre estarás sola y morirás sola. ¡No mereces estar aquí!―siguió hablando pero dejé de entender sus palabras. Solo podía ver como movía los labios mientras su cuerpo se desvanecía con el viento. Desapareció.
―No puedo entenderlo. ¿Por qué no estoy muerta?
―Ella no era real. Murió siendo alguien que una vez odiaste y resurgió siendo el mayor de tus miedos. La personificación del sufrimiento, del dolor, de un mundo de pena y lágrimas. No has muerto porque creíste en ti. Porque fuiste fuerte y aunque todo parecía perdido, nunca te rendiste. Mataste por él y has demostrado que morirías por él sin pensarlo. Es hora de que me vaya. Ya no me necesitas. Sé que harás lo correcto y estarás bien. A partir de ahora te toca a ti seguir el camino correcto. Puede que me haya equivocado más veces de las que pueda haber acertado pero hoy, la que ha resurgido de entre las cenizas has sido tú. Más fuerte y más hermosa que nunca. No te olvides de vivir y cuida de él... por las dos.―y no volví a escucharla en mi cabeza nunca más. Se fue junto con el miedo y el dolor. Y entonces entendí que esta batalla la había ganado yo. Yo sola.
Me giré lentamente y ahí estaba él. Sus ojos se encontraron con los míos. Dejó de llover y el sol bañó sus dulces ojos en los que solo cabía una cosa: amor. Sonreía como si el resto del mundo no existiera y con sus manos suaves acarició mi cara mojada.
―Lo has conseguido. No sé cómo lo has hecho, pero sigues aquí. Gracias.
―¿Volvemos a casa?―dije sonriendo.
Me abrazó, me dio la mano y empezamos a caminar. Entonces me paré y él se giró.
―Me gustaría decirte algo―susurré.
―Lo que quieras.
―Es un promesa. Pero no una promesa de las que se dicen y luego acaban guardadas en un cajón. Una promesa de las de verdad. Una promesa irrompible.―me miraba con mucha curiosidad.
―¿Y cuál es esa promesa?
Le miré sonriendo.
―Que pase lo que pase, siempre te haré feliz. Muy feliz.
Y me abrazó como si quisiera que no me fuese nunca.
Take me high and I'll sing
Oh you make everything okay (okay, okay)
We are one in the same
Oh you take all of the pain away (away, away)
Save me if I become
My demons



