sábado, 19 de diciembre de 2015

Epílogo Parte II

Vi mucha oscuridad durante varios segundos. La boca me sabía a una mezcla de sangre, tierra y asfalto. Para mi sorpresa noté como los dedos de mi mano, ajenos a la historia, se movían ligeramente rozando el suelo. La cabeza me dolía a más no poder y me sentía fría, entumecida y sin fuerzas. Entonces me percaté de que estaba lloviendo. Mi pelo, que caía húmedo sobre mi cara, no me dejaba ver lo que estaba sucediendo. La ropa mojada pesaba sobre mi cuerpo y mis intentos de levantarme parecían inútiles. Recordaba los disparos, los gritos, las miradas, la sangre, las lágrimas... y aquella chica. Pero había algo muy importante que no conseguía recordar: había alguien más. ¿Un chico? El chico que me disparó. 

Estaba cansada y me costaba respirar pero no podía sentir ningún disparo. Busqué el olor a sangre en el ambiente pero solo encontré tierra mojada. Segundos después noté algo dentro de mí. Una sensación extraña que me invadió al instante dejándome prácticamente inmovilizada. Mi corazón empezó a latir tanto que incluso podía escucharlo y mi respiración se aceleró de tal forma que empecé a toser y a toser de manera incontrolada. Estamos vivas. Cientos de imágenes se sobrepusieron en mi mente una de tras de otra como quien baraja sin cesar una baraja de cartas. Mis ojos abiertos como platos observaron por primera vez el paisaje divisando sombras que se movían entre las luces. Lo recordé todo. Levántate. Y sabiendo que era imposible, me levanté. 

Él se encontraba de rodillas en el suelo con una chica en sus brazos. La miraba sin apartar la vista pero con una expresión de lástima. Aquella chica, a la cual besó antes de que mis ojos se cerrasen, no era la misma. ¿Qué había pasado? Ella no es real. La lluvia seguía cayendo haciéndose cada vez más intensa. Volví a mirar mi cuerpo, estando ya en pie, y no encontré rastros de sangre por ninguna parte. Entonces escuché el sonido más aterrador que podía escuchar. Me llegó con el viento helado y sentí mi corazón encogerse en un grito ahogado. 

Se está riendo. Abrió los ojos mientras él parecía sorprendido y tan aterrado como yo. Se incorporó con una sonrisa en los labios mientras continuaba mirándole, hasta que se giró hacia mí. Su mirada bastó para que un dolor agudo surgiese de lo más profundo de mi ser llegando a todas las partes de mi corazón. Me temblaban las manos y no podía sentir las piernas. Empecé a llorar sin saber por qué y mis lágrimas se mezclaron con la lluvia en mis mejillas. Tenía la pistola en la mano. Ella no es real

Levantó sus brazos, más pequeños que los de la chica que había sido antes, pero con una seguridad impactante. La sonrisa permanecía en su cara y sus ojos reflejaban una victoria casi asegurada. ¿Pero quién es? Sabía que la había visto en alguna parte pero ¿qué estaba haciendo aquí? Intenté moverme al ver la expresión de... ¿mi amor? Aunque la situación estaba muy lejos de ser buena noté un fuerte calor en mi pecho. Dejé de temblar y el frío desapareció de mi cuerpo. A diferencia de mí, ella si estaba cubierta de sangre pero su cara y su forma de moverse dirían que estaba en perfectas condiciones. Y él, después de mucho tiempo, volvió su mirada hacia a mí y como si fuesen a ser sus últimas palabras, dijo:
―Ayúdame mi amor. 
Sin darme cuenta, estaba corriendo hacia él mientras su desesperación se me calaba en los huesos. ¿Tan lejos estaban? Sentí que no llegaría a tiempo. Aún así no dejé de correr. Como si estuviera a punto de volver a aquel sueño eterno del que me había despertado, en mi cabeza solo surgieron imágenes de él siendo extremadamente feliz. No tenía ni punto de comparación al chico que estaba ahí de pie, inmóvil y asustado, esperando a morir. Por varios segundos creí ver sus lágrimas pues eran como cristales reluciendo distinguiéndose de las gotas de lluvia. Esas lágrimas que tantas veces había contemplado. Me dije a mí misma que no volvería a permitir que fuesen derramadas. 

Volvió a mirarme y su cara, que había reflejado miedo, angustia y sobre todo, dolor, ahora reflejaba resignación. ¿Cuánto me queda para llegar hasta él? ¿Por qué no podía correr más rápido? Sus palabras entraron en mí como una flecha directa al corazón: 
 ―Déjalo, no llegarás a tiempo, vete.
¿Por qué? ¿Por qué me decía eso? No. Corre. Tienes que correr más rápido. Se lo prometiste. Le dijiste que estarías a su lado tanto en los buenos como en los manos momentos. No es momento de rendirse. Tú puedes hacerlo. Tú puedes con todo. No te rindas

Y llegué hasta él. Como si de una película de acción se tratase me coloqué delante de él con las manos en cruz y la mirada puesta en ella. No temblaba. Seguía apuntando. Se rió de nuevo escandalosamente.  
―¿Crees que eso va a servir de algo? Qué inocente eres... He venido a matarle. 
―No permitiré que lo hagas. 
No la escuches, solo pretende asustarte. Sé fuerte. 
―Entonces moriréis los dos.―disparó. 

Cerré los ojos. Mi propósito siempre fue cuidar de él y era muy probable que aunque hubiera muerto la primera vez, esta vez sería la definitiva. ¿Había fracasado? ¿Para esto había despertado y había sufrido tanto? No podía ser así. Una chica desconocida quería matarnos a los dos y ni siquiera sabía por qué. Sé que no he hecho nada malo. Estoy prácticamente segura. Y no voy a permitir que todo el esfuerzo que he hecho haya sido en vano. 
―¡NO VOY A PERMITIRLO!―grité. Un sonido parecido a una explosión hizo que el viento se moviese con violencia y la lluvia me golpeara en la cara. Sentí una calidez emocional que me reconfortó como si nada de esto hubiera pasado. ¿Sería esta la verdadera forma de morir? 

Abre los ojos, hemos ganado. 
―¿Cómo? [...] ¿Cómo es... posible?
Su cuerpo yacía en el suelo agonizante. Haciendo un esfuerzo descomunal levantó la cabeza y gritó:
―¿Qué has hecho? ¡Yo tenía que ganar! ¡Tú no eres nada! ¡NADA! Siempre estarás sola y morirás sola. ¡No mereces estar aquí!―siguió hablando pero dejé de entender sus palabras. Solo podía ver como movía los labios mientras su cuerpo se desvanecía con el viento. Desapareció. 
―No puedo entenderlo. ¿Por qué no estoy muerta?
Ella no era real. Murió siendo alguien que una vez odiaste y resurgió siendo el mayor de tus miedos. La personificación del sufrimiento, del dolor, de un mundo de pena y lágrimas. No has muerto porque creíste en ti. Porque fuiste fuerte y aunque todo parecía perdido, nunca te rendiste. Mataste por él y has demostrado que morirías por él sin pensarlo. Es hora de que me vaya. Ya no me necesitas. Sé que harás lo correcto y estarás bien. A partir de ahora te toca a ti seguir el camino correcto. Puede que me haya equivocado más veces de las que pueda haber acertado pero hoy, la que ha resurgido de entre las cenizas has sido tú. Más fuerte y más hermosa que nunca. No te olvides de vivir y cuida de él... por las dos.―y no volví a escucharla en mi cabeza nunca más. Se fue junto con el miedo y el dolor. Y entonces entendí que esta batalla la había ganado yo. Yo sola. 

Me giré lentamente y ahí estaba él. Sus ojos se encontraron con los míos. Dejó de llover y el sol bañó sus dulces ojos en los que solo cabía una cosa: amor. Sonreía como si el resto del mundo no existiera y con sus manos suaves acarició mi cara mojada. 
―Lo has conseguido. No sé cómo lo has hecho, pero sigues aquí. Gracias.
―¿Volvemos a casa?―dije sonriendo. 
Me abrazó, me dio la mano y empezamos a caminar. Entonces me paré y él se giró.
―Me gustaría decirte algo―susurré.
―Lo que quieras.
―Es un promesa. Pero no una promesa de las que se dicen y luego acaban guardadas en un cajón. Una promesa de las de verdad. Una promesa irrompible.―me miraba con mucha curiosidad.
―¿Y cuál es esa promesa?


Le miré sonriendo.
―Que pase lo que pase, siempre te haré feliz. Muy feliz.

Y me abrazó como si quisiera que no me fuese nunca. 



Take me high and I'll sing
Oh you make everything okay (okay, okay)
We are one in the same
Oh you take all of the pain away (away, away)
Save me if I become
My demons


viernes, 18 de diciembre de 2015

100 razones


Todos tenemos a alguien por quien no nos importaría dar la vida. Habrá momentos buenos y habrá momentos malos pero lo verdaderamente importante, está en el interior. Dolor, sufrimiento, malestar, rabia, impotencia... pero también felicidad, alegría, emoción, ilusión y grandeza. 

Hoy estoy aquí porque tengo muchas razones para seguir adelante, no rendirme y luchar por lo que más quiero. Porque yo soy fuerte, muy fuerte y pase lo que pase, siempre lo seré gracias a ti. Esta vez dejaré de llorar. Esta vez se acabaron las lamentaciones y las penurias. Demostraré que soy esa niña de la que una vez te enamoraste y que ha vuelto para quedarse, seguir creciendo y mantenerse fuerte.

100 razones 

Levantarme por las mañanas y ver tu cara aún durmiendo (1). Hacerte cosquillas hasta que llores de la risa y luchemos para ganar (2). Las meriendas (3). Las sorpresas (4). Tardes de pili-pili (5). La Pérgola (6). La cara de alpargata (7). Derrotas y victorias jugando al Mario Kart (8). Los sábados de pasta (9). Escupir agua en la bañera (10). Ir de compras al Miramar (11). Vestirte por las mañanas porque te da pereza (12). Tocar pechiro con enfermedad (13). Que me metas el papelito de la charcutería por la nariz y yo me enfade y tú te rías (14). El Catán (15). Que te pida que me peines (16). Un pero (17). Estar caloso en verano y frioso en invierno (18). Ir al enganche (19). Galletas oreo, tosta-tosta, tarta de galleta (20). Pasar las tardes metidos bajos las mantas (21). Tus abrazos cuando la novia se enfada (22). Hacerse un gurruño o una bolilla (23). Quitarte las pelusas del ombligo (23). Ir a echar la quiniela juntos (24). Ser hipster por un día (25). Camisetas frikis (26). Tardes de cine (27). El parchís (28). Llevarte un calsu-calsu al baño (29). El pan con jamón (30). Coleccionar pilis (31). Pum-pum (32). Acurrucamiento (33). Las imitaciones a tu madre (34). Meterse con Virginia (35). Jugar a la wii hasta llorar de la risa (36). Ir de la mano por la calle con una sonrisa en la cara (36). Hacer tartas difíciles pero que luego están muy buenas (37). Salir a desayunar fuera los domingos (38). El remoloneamiento (muy importante y clave) (39). Inventar bailes y canciones (40). Secarte al salir de la ducha (41). Ver anime juntos (42). Estar nerviosos por los partidos de fútbol y verlos en el ordenador (43). La barbota recortada y la barbota largota (44). Ser un/una pestuni (45), Ser un cososo (46). Las peleas en las que siempre pierdo porque eres más fuerte (47). Hacer pizza en casa (48). La bucatene tene tene (49). El pelo largo blanco (50). Adoptar la forma del otro (51). Los besinos (52). Hablar de caca todo el rato (53). Comer palo-palo viendo el Señor de los Anillos (54). Hacernos muchas fotos boniras (55). Las cartas de la novia y del novio (56). Tener mil nombres como mote (57). Abrazo de piesis (58). Hacer nuevas comidas (59). Barrer los pelos de novio cuando se pela (60). El Chipriota (61). Un corazón en una botella guardad en una caja fuerte (62). La flor sorpresa (63). Ir al Corte y dar mil vueltas (64). Los sábados de fútbol con novia mirando (65). Reírte aunque no te haya tocado (66). Jugar al ajedrez (67). Ser un pan blando de bara de novio (68). Los polvorones en Navidad de choco-choco (69). Correr por la calle y que me persigas y yo grite (70). Abusar de pechiro con las manos frías (71), Hacer la cruque-cruque (72). Los calce del pollo (73). Los fines lluviosos bajo mantoras (74). Imaginar videoclips con canciones muy épicas (75). Pensar en tener una gatita llamada Melo y tú decir un gato llamado Chupa (76). Ser una ransi pero luego amorosa (77). Cara de mazorca (74). ¿Jugamos? (75). La canción de pelo de pechiro (76). Nuestras voces secretas de novios (77). Viciarnos a series de mangas que están muy guays (como Orange) (78). Tu sonrisa cuando te compro algo que quieres con muchas ganas (79). Decir qué novia más buena o qué novio más bueno (80). Irme a los pies en verano porque hace mucho calor (81). Que se me ponga el pelo feote y tú me digas que sigo igual de guapa de siempre (82). Pedirme todo el rato que me case contigo (83). Las camis de pijama de pechiro (84). Arrimar culillo por la noche (85). Las mañanas amorosas (86). Hacer tortilla de patatas mientras tú miras (87). Que el novio diga "qué ilusión" (88). Juntos, mi totete y yo, viviremos muchas aventuras (89). Celebrar los cumples juntos y que haya tartas sorpresa (90). Los besos de amor para toda la vida (91). Ir a tu casa de sorpresa, que te enfurruñes y luego me abraces (92). Poner las canciones de anime una y otra vez en el coche porque son muy épicas (como la de Shingeki) (93). Que me esperes fuera de clase para comer juntos y te acabes comiendo mis sobras porque yo no quiero más (94). El novio sentado en el salón con sus cascos y su ordenador y cara de interesante (95). Decir 'core' cuando tenemos prisa (96). Decir te quiero sin más y sonreír (97). Las caricias en la carita (98). Ponerme tu ropa (99). Abrazarte como si quisiera que no te fueras nunca (100).

Y podría seguir hasta un millón si hiciese falta. Porque donde parece haber razones para estar triste, siempre hay muchas más para estar contento.  

Mantente fuerte y sigue creciendo.
To infinity and beyond.
Estando juntos no tenemos nada que temer y...
sobretodo
Del infierno al cielo.

martes, 1 de diciembre de 2015

Gracias


Sé qué estáis ahí, en algún parte. Sé que me escucháis, que incluso muchas veces, me entendéis. No sé ni puedo prometer que yo esté aquí para siempre pero, de momento, lo estoy. Esta es una entrada para dar las gracias a esas personas que han estado a mi lado desde que llegué a este lugar. A vosotras, que sin conocerme me tendisteis el brazo; a vosotras, que me hacéis reír cada día; a vosotras, cómplices de mil y una sonrisas; a vosotras, que habéis estado en los buenos y en los malos momentos.

Mi único pensamiento hoy está en vosotras. Gracias, con la mano en el corazón, por aguantarme todos los días y no darme la espalda. Cansada de contar decepciones vosotras habéis sido como abrir la puerta y bañarse en el sol. Gracias por no abandonarme. Gracias por no dejarme sola. Gracias por entender que pese a que soy una persona un tanto difícil, también puedo ser una buena amiga. Estéis donde estéis, yo os seguiré siempre que pueda.

Estaré a vuestro lado y puedo prometer que no os fallaré nunca. Doy las gracias todos y cada uno de los días por vuestra existencia. Gracias, de verdad, por ayudarme y por creer en mí. Os quiero mucho.

Narri

lunes, 30 de noviembre de 2015

Luz y oscuridad


No había hacia donde mirar. La forma era irrelevante. Sentada en una silla verde junto a personas desconocidas. ¿Sabrían aquellas personas lo que era el amor? Quizá sí lo que sabían, e incluso puede que mucho mejor que yo. Un pasadizo que se escabulle del exterior. Un lugar oscuro y frío por el que andar cuando no te queda más remedio. Pero realmente nunca puedes ver más allá de la oscuridad. 

El camino se hace lento, se hace eterno, se hace imposible de sobrellevar. Me asomo a la ventana buscando algo a lo que aferrarme pero... ¿qué hay ahí fuera? Nada. No hay nada en absoluto. De todas formas soy incapaz de apartar la mirada. Por un lado está la oscuridad y por el otro estoy yo, reflejada en el cristal. 

Entonces llegas al final del túnel y todo se ilumina. Y me digo a mí misma, que pese a que las cosas oscuras y frías duran mucho, se hacen largas y muy dolorosas... siempre tienen un final. Un final lleno de luz y claridad donde incluso a veces, echas de menos el subsuelo. 

Es un proceso que se repite una y otra vez. Siempre entro en aquel túnel, sin remedio, y siempre salgo. ¿Qué pienso durante todo ese largo trayecto? Pienso en la oscuridad, la recuerdo, la envidio, la odio y la deseo. ¿Estará pensando en mí como yo pienso en él ahora? ¿Estará bien ahí fuera? Me asusta la luz, pues nunca sabes qué te vas a encontrar. Sin embargo, no me lo pienso. Siempre ansío llegar al final y cuando por fin lo consigo... no sé qué hacer. No sé cómo reaccionar. ¿Ahora qué hago? ¿Y si llega el día en el que entre y no vuelva a salir? ¿Y si no vuelvo a ver la luz? 

Pues miraré a la oscuridad a los ojos y le diré: devuélveme mi luz.

sábado, 14 de noviembre de 2015

Silencio imperfecto


Ella había vuelto a aparecer otra vez. Hacía días que se había marchado pero, por desgracia, siempre volvía. Los momentos a solas con él eran incómodos. No era capaz de relajarme, de disfrutar. Y ella se mostraba en los peores momentos. ¿Otra vez así? Maldita sea. 

Sin embargo, me acostumbré a su presencia. Solía quedarse quieta mirándome sin decirme nada. Solo hablaba en los momentos en los que prefería que estuviese callada. Se sentaba siempre conmigo aunque nunca sonreía. Era la única persona que tenía a mi lado, pese a que siempre me decía cosas horribles. Pero yo podía soportarla, qué menos, éramos prácticamente iguales. Y luego estaba él. Me hacía sentir extrañamente bien. Una vez incluso, cuando me dio un abrazo, me sentí feliz. ¡Fue extraordinario! Pero ella lo estropeó. Siempre lo hacía. De hecho, muchas veces ni me molestaba, me miraba y ya sabía qué estaba pensando y qué debía hacer. Realmente ella siempre tenía razón. La felicidad que él pudiese hacerme sentir era falsa e irreal. Solo está jugando contigo. Algunas veces me tiraba largas horas llorando y hablando con ella, pero ella nunca me consolaba. Era fríamente sincera.

Teníamos una especie de relación de amor-odio ya que pocas veces nos tratábamos con cariño o nos contábamos nuestros problemas. Simplemente aparecía sin más y me hablaba. Entonces me di cuenta de que yo era la única persona que percibía su presencia. Al principio pensaba que todo el mundo la ignoraba porque apenas hablaba y siempre estaba sola. Pero al tiempo me di cuenta de que sólo yo podía verla. Sólo me hablaba a mí y los demás eran simples objetos de atrezzo. Esto me hizo sentir especial. ¡Era casi algo mágico! Aunque la mayoría de sus palabras eran dolorosas, duras e hirientes yo siempre sentí que en el fondo lo único que quería era mi bien. 

Ella siempre estaba conmigo y al mismo yo siempre estaba sola. La veía ir y venir y me preguntaba ¿a dónde va cuando no está conmigo? Esto me ponía francamente muy triste. Mi vida y mis esfuerzos por encontrar a otras personas siempre fueron inútiles pero, ¿y si ella sí tenía a otras personas que la apreciaban? ¿Por qué entonces no me dejaba tener a mí a nadie? 

La soledad que ambas compartimos es tan dulce como insoportable. Siempre me susurra que nos tenemos la una a la otra y que todo saldrá bien. Pero no es así. Jamás podré encontrar a nadie que quiera, ni si quiera él. No mientras estemos juntas. Una vez le dije que se fuese y que me dejase tranquila. Una vez le dije que no lo soportaba más y que deseaba que jamás hubiese nacido. Entonces ella desapareció varios días. Y después fueron semanas. La llamé y la llamé pero no regresó. Sentí que iba a morirme. Y entonces, volvió conmigo. 

Esas personas extrañas que no la conocen se burlan de mí, dicen que hablo sola y que debería ir a un psicólogo. No tienen ni idea de lo que hablan. No saben que tengo un secreto, un secreto imposible de comprender por simples humanos. Yo soy especial, yo soy única... yo soy dos personas al mismo tiempo. La quiero tanto como ella a mí. La odio más a que nada en el mundo porque jamás me dejará conocer la felicidad. Pero soy incapaz de vivir sin ella. 

Ella. Yo. Somos todo lo que necesito. No necesitamos a nadie más. No, ellos no lo entenderían. Este silencio imperfecto es lo que cada día me mata, haciéndome invencible. 

Mátalos a todos. Algún día Mara, algún día.


domingo, 1 de febrero de 2015

Epílogo

Cuando quise darme cuenta estaba en el suelo cubierta de sangre y dolor. Había pasado todo tan deprisa... que apenas tuve tiempo a reaccionar. Él me dijo ¡hazlo! y yo lo hice. La maté, sí. No tuve elección, era o ella o yo. Casi podría decirse que él estaba deseando que yo lo hiciera. Su gesto parecía provocarle una cierta satisfacción, como si se sintiera orgulloso de lo que acababa de presenciar, y sobre todo, de mí. Y yo lo sabía. Hubiera pintado el cielo de verde si él me lo hubiera pedido. Incluso hubiera ma... ¿matado? Eso es lo que has hecho. En efecto, ella estaba muerta... y nunca había sido tan feliz. Sin embargo, yo era la que estaba en el suelo tras su disparo. ¿Por qué? ¿Qué acababa de ocurrir? Acababa de suceder y ya lo estaba olvidando. ¿Por qué me mira de esa forma? Pasó una eternidad antes de poder recordar sus palabras. Fueron sus palabras las que me hicieron caer, y no aquella bala que aún llevaba incrustrada. ¿Qué fue lo que nos dijo? Dijo que por qué lo había hecho. Dijo que yo estaba loca y que cómo había sido capaz. Dijo que él no podía estar a mi lado. Dijo que me abandonaría. Nos dijo adiós. Y ahora estamos aquí tiradas mientras él nos mira con los ojos en blanco.
―¿Crees que aún me ama?
¿Te amaría alguien que acaba de matarte?
―No lo sé, es decir, me mató porque pensaba que yo había enloquecido pero, no es verdad. No es verdad ¿no?
La mataste. Ella ahora está muerta porque tú la has matado, porque nosotras la hemos matado. Está muerta y todo lo demás no importa.
―Pero yo también lo estoy, o al menos, eso creo. ¿No ves la sangre? Estamos en el suelo, sin poder movernos y a cada segundo con menos fuerzas.
Él siempre la quiso a ella.
―Eso no es verdad. Deja de decir esas cosas, él siempre me quiso a mí. Él... me lo prometió, me dijo que si la mataba estaríamos siempre juntos, que era por nosotros. ¿No lo recuerdas?
¿Te amaría alguien que acaba de matarte?

En un instante él se movió, y bajó la pistola. Su cara no parecía mostrar expresión alguna. Por un momento pensé que se había equivocado, que vendría a por mí, que me sacaría de esta agonía y de este dolor. Después de todo él me había ayudado a llegar hasta aquí, ahora no podía dejarme sola.
Su mirada por fin cambió y recobró la compostura. Habló, tiró un montón de palabras al aire, y con el aire se fueron pues me era imposible escucharlas. Le miré. Le miramos. Y comenzó a andar, hacia ella. Recogió su cuerpo del suelo, la miró, le tocó el pelo y sonrió.
―¿Ella?
Siempre la quiso a ella.
―No es posible. No, no, esto no puede estar pasando. Dime que estoy soñando, dime que esto es mentira ¡Él me ama a mí! ¡Mi amor! ¡Mi amor! ¡Estoy aquí, por favor! ¡La maté por ti! ¡La maté por nosotros! ¡Me lo prometiste! Todo esto siempre fue por ti, porque no soportaba la idea de que pudieras amarla ni la mitad de lo que yo te he amado. Yo cumplí mi promesa. Yo creí en ti. No me abandones. ¡No me dejes sola! ¡Me dijiste que me amabas...! ¡Me dijiste que me amarías siempre...!
¿Te amaría alguien que acaba de matarte? 
―¡Cállate! ¡Déjame sola! ¡Todo es culpa tuya!
Nosotras nos vamos, y él no va a venir. 
―¡No! ¡Yo quiero irme con él! ¿Acaso no lo ves? ¡Teníamos que estar juntos! 
No puedes.
―¡Sí! ¡Sí puedo! ¡Él me oirá, claro que me oirá! ¡Me lo prometió!
No puede oírte... porque ya estamos muertas.

Y él, la besó.

jueves, 1 de enero de 2015

Vida

Me paso por aquí por no perder las buenas costumbres.

A veces espero a que el mundo me diga algo, que me diga "es por aquí y no por allí" , que me guíe pasito a pasito. Espero un rato, y luego se me pasa.

Quisiera parar, aunque fuese un momento, y que nadie me escuche. Me gustaría volver a empezar tantas cosas como cosas me gustaría deshacer. Pero es tarde, todo el mundo lo sabe. El cambio se apoderó de mí hace mucho tiempo y dudo que piense en regresar. No soy la misma en muchos aspectos pero sigo aquí como he seguido siempre. Esté donde esté, vaya donde vaya, siempre seré yo. Una historia interminable.

Ni con sentido ni sin él, escribo porque pienso, y pienso porque lo puedo escribir. Aunque no haya manera de poder contaros todo, porque es imposible, os cuento lo que puedo sentir en este mismo instante. Siento frío, un poco de nostalgia, siento ilusión, agonía, miedo, cansancio, alegría. Siento que mi vida está aquí a mi lado diciéndome que la aproveche y no la deje sola. Siento que soy dos personas, la buena y la mala. Siento que mañana cuando me levante pensaré que es un nuevo día, y como tal, debo aprovecharlo. Es ese ahora el que me dice cómo hacer las cosas, aunque no siempre sea lo correcto.

Persigo sueños cuando realmente lo que debería hacer es vivirlos. El tiempo pasa a más velocidad de lo que yo quisiera y no vivo lo suficiente como para ser capaz de darme cuenta. No volveré atrás a buscarlo, ese tiempo con el que ya no se puede hacer nada, ese tiempo que ya no se puede vivir. Mi vida está aquí, no estuvo. En cambio existen momentos en los que mi vida se congela, momentos en los que aunque sepa que no se paran, en mi mundo, sí lo hacen. Puede que en muchas cosas haya cometido errores, puede que el tiempo perdido sea ya irrecuperable y puede que la que soy hoy nunca sea la que seré mañana. Pero soy yo, y eso es lo único que importa.

Se acabó el mañana si tengo el hoy presente. No volveré a mirar atrás. Seré la misma, pero diferente. Ese será mi único propósito, de este año, y de todos los que quedan por venir.