lunes, 23 de diciembre de 2013

Ahora [1]

Helena

¿Y no te dijo nada más?dijo Mina mientras removía el café. Su expresión se tornó en sorpresa y desembocó en curiosidad. Su pelo estaba parcialmente despeinado y se lo revolvía cada dos por tres con el dedo índice. Sus ojos se clavaron en mí buscando una respuesta.
Nada más. No me apetecía demasiado hablar del tema pero sabía que ella seguiría insistiendo así que renuncié a pasar por esa parte y fui directamente al grano. Se acabó.
Antes de que Mina tuviese tiempo de responder su móvil comenzó a sonar. Rebuscó entre sus cosas y me pidió permiso para hablar fuera. Obviamente le dije que sí, que no había problema. Mina conocía a mucha gente. Demasiada gente. Siempre tenía a alguien con quien pasar el rato, ya fuese hombre o mujer. Si Málaga fuese un instituto americano Mina sería la animadora. Miré el reloj: las ocho y media. Dos horas y media hacía ya que habíamos entrado a la cafetería y parecía que habían sido ciclos solares enteros. Me llamó después de enterase de que Víctor y yo lo habíamos dejado. No me dio a tiempo a contarle nada cuando se presentó en mi casa y me obligó a bajar a tomar un café y contarle toda la historia. Esa era una de las cosas que peor llevaba de Mina, era demasiado cotilla. Por lo demás yo la consideraba una de mis mejores amigas, casi única. Siempre vestía bien, arreglada pero informal, eligiendo cada complemento a la perfección. Admiraba su porte y su elegancia innata, aunque sabía que yo nunca podría competir con ella. Su pelo era rubio oscuro y le caía con suaves ondas sombre los hombros; su piel casi siempre estaba bronceada y lisa haciendo juego con sus preciosos ojos azules; físicamente era espectacular a la vista de cualquier hombre (y mujer). 
Absorta en mis pensamientos, no me percaté de que Mina ya había regresado y se había vuelto a sentar en frente mía.
No me había dado cuenta de lo tarde que se había hecho tía, tengo que irme ya. Había quedado con mi madre a los ocho y me ha llamado para saber dónde estaba...
Vale, no te preocupes. Mañana hablamosdije. Sabía perfectamente que no volvería a saber de ella hasta por lo menos una semana.
Genialse levantó sonriendo y se acercó para abrazarme. Me dio el dinero de su café y se fue. Estuve quince minutos más allí antes de pedir la cuenta y marcharme. Mi casa estaba justo en frente de la cafetería más solicitada del barrio. Crucé la calle, entré en mi portal, subí las escaleras y entré en casa. 
La puerta se cerró y me quedé inmóvil mirando al infinito. Mis ojos se pararon en todos los sitios de la casa en los que antes había habido regalos o cosas de Víctor. Nunca me he considerado una persona violenta que pueda enfadarse con facilidad pero aquel día no pude contener mi rabia y tiré todas las cosas a la basura. De todas formas lo hubiera tenido que hacer más tarde o más temprano, así que daba lo mismo. No pude evitar pensar que aquellos solitarios huecos un día fueron más que felices. Me desparramé en el sofá con la luz del salón apagada y cerré los ojos. Estaba sola. Completamente sola. Me di cuenta de que había llegado el momento de volver a empezar así que me levanté, abrí la ventana y pensé: «Ahora».

To be continued.

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